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sábado, 23 de julio de 2011

Conspiración judeo-masónico-comunista-internacional


Conspiración Judeo-Masónico-Comunista-Internacional, a veces denominada conspiración judeo-masónico-marxista-internacional, contubernio judeo-masónico-comunista o simplemente conspiración judeomasónica, es el nombre que se le da a una supuesta coalición secreta de la que formarían parte los judíos, la masonería y el comunismo; que pretenderían un fin oscuro (de una u otra forma, el dominio del mundo).
La ausencia de demostración de esta teoría antisemita a la vez que anticomunista, y de teorías semejantes (la demostración de su inexistencia es un absurdo lógico, ver teoría de la conspiración) no impide, sino que refuerza la creencia de quien está todavía dispuesto a buscar en ella la verdad.

Desde la Edad Media se puede rastrear la existencia de antisemitismo, vinculado en sociedades sin sistema capitalista desarrollado a un amplio conjunto de prejuicios ideológicos, principalmente al desprecio por las actividades que, independientemente de su función económica, la Iglesia definía como usura (préstamo con interés, pero también el comercio si se obtiene lucro). La única manera socialmente aceptable de ser rico sin sospecha era la renta feudal, accesible sólo a losprivilegiados, que ciertamente lo eran mucho más que los judíos. En cambio, éstos destacaban en aquéllas, dado que su condición les impedía generalmente el acceso a otro tipo de ocupaciones (aunque algunos de los judíos europeos eran campesinos y realizaban distintos oficios manuales e intelectuales). La manipulación de este prejuicio fue una útil forma de desviar conflictos sociales (el descontento de los no privilegiados en coyunturas críticas) utilizando a los judíos como chivo expiatorio. A ellos se atribuían todo tipo de malas intenciones (originar la peste, secuestrar y matar ritualmente niños y profanar los sacramentos, como en el caso del Santo Niño de La Guardia).
Pero desde la divulgación de los presuntos Protocolos de los Sabios de Sión, estas teorías conspirativas se fueron haciendo cada vez más complejas. El hecho de que Carlos Marx naciera en una familia de origen judío, junto a la procedencia judía de destacados líderes comunistas, permitió añadir a la conspiración a los movimientos obreros, participantes de su ideología.
La masonería había sido objeto de condenas papales desde el siglo XVIII (véase condenas religiosas de la masonería), y su papel en la gestación de las denominadas revoluciones liberales, sobre todo las de los primeros ciclos (Independencia de los Estados Unidos, Revolución francesa, revoluciones de 1820), era objeto de controversia. Su condición de sociedad secreta excitaba la imaginación, propicia a todo tipo de fantasías en la época romántica.
En fechas recientes siguen buscándose las relaciones ocultas que pueden considerarse renovaciones de la antigua teoría de la conspiración, aunque no suelen ser con una retahíla de miembros tan completa como la característica del primer franquismo. El antisemitismo ha adquirido un impulso en algunos lugares, como laRusia postsoviética, donde puede reencontrar su tradicional función de chivo expiatorio (el partido de Vladímir Zhirinovski es anticomunista y antijudío). La generalización del miedo al terrorismo (es el miedo la emoción que manipulada puede conducir al fascismo) tiene en el comienzo del siglo XXI un rostro islámico, pero quizá no es suficiente para algunos. En cuanto a la masonería, no ha dejado de proporcionar tema para literatura histórica más o menos proclive a buscar interpretaciones ocultas.
La novela histórica de Umberto Eco El cementerio de Praga (2010, de aparición simultánea a la del escándaloWikileaks y que ha sido objeto de alguna polémica), tiene como tema central la gestación de documentos falsificados que van paulatinamente añadiendo los diferentes elementos de la conspiración como respuesta a distintos intereses y en distintos países a lo largo del siglo XIX, e inspirándose en diferentes anécdotas biográficas u obras literarias de personajes imaginarios o reales (Augustin Barruel, Maurice Joly, Eugenio Sue,Alejandro Dumas, Sigmund Freud, etc.)

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